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AI Literacy: la IA ya está en tu empresa. ¿Sabemos realmente cómo utilizarla?

·Souka·Inteligencia Artificial, Regulación
AI Literacy: la IA ya está en tu empresa. ¿Sabemos realmente cómo utilizarla?

La inteligencia artificial ha entrado en las empresas mucho más rápido que la formación necesaria para utilizarla.

Un empleado utiliza ChatGPT para preparar un correo. Otro resume reuniones con una herramienta de IA. Un equipo genera contenido. Otro utiliza IA para analizar documentos. Y, en algunos casos, sistemas de IA ya forman parte de procesos mucho más sensibles.

Todos están utilizando inteligencia artificial.

Pero no todos necesitan saber lo mismo sobre ella.

Y precisamente ahí está una de las ideas más interesantes del artículo 4 del AI Act.

¿Qué significa realmente "AI Literacy"?

La Comisión Europea utiliza el concepto de AI Literacy, que podríamos traducir como alfabetización en inteligencia artificial.

A primera vista puede parecer que hablamos simplemente de formar a los empleados.

Pero la realidad es bastante más interesante.

La Comisión explica que las medidas de alfabetización deben tener en cuenta aspectos como el conocimiento técnico, la experiencia, la educación y la formación de las personas, además del contexto en el que se utiliza el sistema de IA.

Es decir:

No existe una única formación en IA que sirva para todo el mundo.

Una persona que utiliza IA para traducir un texto no se enfrenta a los mismos riesgos que alguien que utiliza IA dentro de un proceso de selección, analiza información sensible o supervisa un sistema de alto riesgo.

Por eso, antes de pensar en organizar un curso de IA para toda la empresa, hay una pregunta mucho más útil:

¿Qué necesita saber cada persona para utilizar la IA que tiene delante de forma adecuada?

La pregunta no es "¿sabes utilizar ChatGPT?"

Imaginemos que una empresa permite a sus empleados utilizar una herramienta de IA generativa.

Podríamos pensar que basta con enseñarles a escribir mejores prompts.

Pero eso sería quedarse en la superficie.

También deberían saber, por ejemplo:

  • qué información no deberían introducir;
  • que una respuesta aparentemente correcta puede contener errores;
  • cuándo una respuesta necesita revisión humana;
  • qué riesgos tiene utilizar IA para una determinada tarea;
  • qué herramientas están autorizadas dentro de la organización;
  • y qué hacer cuando la IA se utiliza en un proceso especialmente sensible.

La propia Comisión pone como ejemplo el uso de ChatGPT para redactar publicidad o traducir textos: incluso en estos casos, los empleados deberían conocer riesgos específicos, como las alucinaciones de la IA.

Y esto nos lleva a una idea importante:

Utilizar IA no es lo mismo que comprender sus límites.

Tampoco hace falta que todo el mundo sea experto en IA

Otro punto interesante de la orientación de la Comisión es que no existe un modelo único de formación.

Las organizaciones pueden adaptar sus iniciativas según los conocimientos de sus equipos, el tipo de sistema utilizado y el contexto en el que se utiliza. Incluso pueden establecer distintos niveles de formación.

Tiene bastante sentido.

Un desarrollador de IA, una persona de recursos humanos y alguien que utiliza una herramienta generativa para preparar presentaciones no necesitan el mismo nivel de conocimiento.

Lo importante no es que todos sepan exactamente lo mismo.

Lo importante es que cada persona sepa lo necesario para utilizar la IA que forma parte de su trabajo.

La mejor formación puede ser diferente para cada equipo

Imaginemos una empresa de 100 personas.

No tendría demasiado sentido impartir exactamente la misma formación a las 100.

Quizá para un equipo comercial sea más útil aprender sobre:

  • privacidad + verificación de resultados + uso de datos de clientes.

Para marketing:

  • generación de contenidos + derechos de autor + revisión humana.

Para desarrollo:

  • código generado por IA + seguridad + revisión técnica.

Y para dirección:

  • riesgos + toma de decisiones + gobierno de IA.

El objetivo no es que todos sepan lo mismo.

Es que cada uno tenga las herramientas necesarias para tomar buenas decisiones cuando utiliza IA.

Entonces, ¿cómo puede empezar una empresa?

La Comisión propone una serie de preguntas bastante útiles para empezar a aterrizar la AI Literacy:

1. ¿Qué IA utilizamos?

No solo las herramientas que la empresa ha adquirido oficialmente. También conviene conocer qué herramientas están utilizando realmente los equipos.

2. ¿Para qué la utilizamos?

No es lo mismo generar una imagen para una presentación que utilizar IA dentro de un proceso que afecta a personas.

3. ¿Qué riesgos tiene cada uso?

El riesgo depende del sistema, del contexto y de las personas sobre las que se utiliza.

4. ¿Quién necesita saber qué?

Aquí es donde la formación deja de ser genérica y empieza a tener sentido.

5. ¿Cómo vamos a demostrar lo que hemos hecho?

La Comisión aclara algo que puede resultar especialmente útil para las empresas: no existe un certificado obligatorio de AI Literacy. Las organizaciones pueden mantener registros internos de las formaciones u otras iniciativas de orientación que hayan realizado.

Que no sea obligatorio no significa que sea fácil de demostrar cuando alguien lo pregunte de verdad.

Un archivo con las diapositivas de una formación no es lo mismo que un registro nominal, con fecha y con un número que un auditor pueda comprobar uno por uno. Y es precisamente ese el hueco que intenta cerrar noshadow.ai, pensada justo para esto: certificados individuales, verificables por número de serie, que documentan la obligación del artículo 4, el control A.6.3 de ISO 27001 y el artículo 20 de NIS2 a la vez, con un primer módulo gratuito de cinco minutos para probarlo antes de nada.

No es el único camino posible, la Comisión es clara en que no hace falta ningún certificado concreto. Pero si la pregunta de tu empresa es "¿y cómo lo demostramos si nos lo piden?", ahí es exactamente donde entra.

Y hay algo más que muchas empresas quizá no han pensado

La obligación no se limita necesariamente a los empleados.

La Comisión señala que también pueden entrar en este ámbito otras personas que trabajen bajo el ámbito organizativo de la empresa, como contratistas, proveedores de servicios o incluso clientes, dependiendo del sistema y del contexto.

Esto cambia bastante la perspectiva.

La AI Literacy deja de ser simplemente:

"Tenemos que dar un curso de IA a nuestros empleados".

Y pasa a ser:

"Tenemos que asegurarnos de que las personas que interactúan con nuestros sistemas de IA tienen los conocimientos adecuados para hacerlo correctamente".

La IA ya está en las empresas. La pregunta es cómo la estamos utilizando.

La Comisión Europea ha creado incluso un repositorio con más de 40 iniciativas de AI Literacy desarrolladas por organizaciones públicas y privadas, desde formación presencial y plataformas e-learning hasta bootcamps y programas de colaboración.

No existe una receta universal.

Y quizá esa sea la parte más interesante de todo esto.

La alfabetización en IA no consiste en convertir a toda una empresa en experta en inteligencia artificial.

Consiste en conseguir algo mucho más práctico:

que cada persona entienda qué IA está utilizando, para qué la está utilizando, qué puede salir mal y cuándo debe intervenir una persona.

Porque la verdadera madurez en IA no empieza cuando una empresa tiene muchas herramientas.

Empieza cuando las personas que las utilizan saben cuándo confiar en ellas y cuándo no.

Fuente

Comisión Europea - AI Literacy: Questions & Answers, actualización del 27 de julio de 2026.

Fuente oficial: European Commission - AI Literacy: Questions & Answers

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